Sturm, la tormenta. Nadie podría confundir lo que esta imagen representa, pues la agitación y el ventarrón han atacado a todos por igual, al menos una vez en la vida. La noche se apodera del navío y la atmósfera conspira contra la seguridad de Egeo; el alma puede temblar, pero el espíritu recuerda que también sin viento es la muerte.
Drang, el ímpetu. Tras la tormente, el ímpetu y no la calma, pues -aunque el corazón tenga su respiro- las alas añoran el vuelo de sus plumas. La tormenta recuerda la fragilidad del ser y lo fácil que es perderlo todo en un instante. ¡Se levantan las anclas del miedo y se quiere poner todo el empeño, toda la pasión, toda la locura en conocer la nueva aurora que el oriente nos regalará mañana.
Sutrm und Drang!, tempestad e ímpetu. Pues aunque nadie asegura que el sol salga mañana, la Fe de tanto tiempo (pongamos, por cábala, siete meses) nos abraza.
Tengo
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No puedo dejar de escribir. Tengo mil cosas que hacer urgentes y mi alma
escoge precisamente el día de hoy para vaciarse. Me desbordo de emociones,
necesit...
Hace 6 años.
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