Dice Hugo en Les Misérables que "amar a una persona es ver el Rostro de Dios". Víctor Hugo dice verdad, y sus palabras están bien escogidas. No es trivial que ponga énfasis en el Rostro, ni en el ver, ni en Dios.
En esta ocasión quiero enfatizar el complejo "ver el Rostro". Para Hugo (acaso no fiel, pero sí profundamente conocedor de la tradición judeocristiana) dicha afirmación es de un cariz tan profundo que debería, si se entiende, provocar escalofríos, causar un cierto temor y temblor.
Para el judeocristianismo el Rostro es algo que está más allá de nuestra capacidad visible. El hombre muere si lo ve: es tanto que supera nuestra propia esencia y nos impele a abandonar el mundo. Paradoja: la muerte del vidente no es algo malo, sino la última asimilación de lo Divino, la unión más radical -en vida- con lo Sagrado.
El Paraíso, dicen los que saben, es la audiencia tête á tête con Dios. Ver el Rostro, en vida, es por lo tanto el Paraíso en vida. La contingencia de nuestro ser se ve superada y la mística termina por quebrarnos, asesinarnos y, de antemano, salvarnos. Esta experiencia nos la recuerda Sor Juana en su Respuesta a Sor Filotea al comparar el rostro de Cristo con el de Moisés. Tras la visión beatífica el patriarca sufre una transformación tal que -dice la poetisa mexicana- incluso era difícil mirarlo.
Así, amar es experimentar el Paraíso. Pero no ese paraíso terrestre, superfluo y -en términos académicos- cursi. Sino el mismísimo Paraío: el encuentro más radical con Dios. Amar a otra persona es, en un sentido, superar el propio ser, romperlo y morir. Morir para alcanzar (la) otra vida. Salvarse (ser salvo). Víctor Hugo no utilizó el binomio, ya se nota más claro, de manera fútil.
Es sufrir una transformación, mostrar un rostro nuevo al mundo, como le sucedió al libertador hebreo. Es, pues, la última prueba de teología: ver a Dios mismo.
Pero esto es sólo un ensayo. Un ensayo sobre una sentencia del XIX y de un autor que, aunque romántico, coquetea con el realismo. Un ensayo escrito. Y por lo tanto, insuficiente y pobre.
Amar es ver el Rostro de Dios. "Quien tenga oídos, que oiga".
Tengo
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No puedo dejar de escribir. Tengo mil cosas que hacer urgentes y mi alma
escoge precisamente el día de hoy para vaciarse. Me desbordo de emociones,
necesit...
Hace 6 años.
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