Valjean, Cyrano y Kenshin. Tres héroes que casi le roban un nicho a la Santidad. Tres hombes -acaso ficticios- que son ascua y guía de una vida ahogada en honor, fortaleza, virtud. Sin embargo, tres seres que, cual fieles estoicos, viven solos. Valjean debe dejar partir a su hija. Cyrano vuelve famosa la sentencia: "impulsar a los demás, morir solo". Kenshin vive en un eterno viaje buscando una sonrisa, su sonrisa...
Los estoicos tenían razón: si no hay apego es imposible que nos duela la separación de la gente que queremos. Un buen medio para evitarnos dolor. Pero si no hay apego no puede haber cariño. Y sin cariño no puede haber amor. Y sin amor no hay humanidad. El estoico deja de ser humano por volverse ideal. Escoge la dureza del granito y olvida el magnetismo del imán.
Por eso la vida no puede vivirse así. Hay que tener puestos los ojos en el ascua sagrada del Ideal, eso es verdadero. Pero para que el Ideal cobre sentido debe actualizarse en el yo individual que lo observa: debe hacerse algo vital, inherente a lo humano.
Después de todo, Valjean sólo está en paz cuando Cosette vuelve a su lado; Cyrano, cuando descubre su amor; Kenshin, cuando regresa con Kaoru y puede exclamar: "estoy en casa".
Tengo
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No puedo dejar de escribir. Tengo mil cosas que hacer urgentes y mi alma
escoge precisamente el día de hoy para vaciarse. Me desbordo de emociones,
necesit...
Hace 6 años.
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