Dime Luna

5.31.2009


Dime Luna, ¿a quién iluminarás cuando me duerma?, ¿qué rostros bañarás cuando mis ojos descansen ciegos por el sueño? No te pido nada, Luna, sólo sigue en el firmamento. Ilumina los corazones de quienes esperamos que tus ríos lleguen a bañarnos cuantas veces quieras.

Eres el error intencional del "Cuadro Negro" de un Malevitch Divino. En la nada, el ser que representas brilla cada noche en eterna lucha cíclica en la que cada veintiocho días ganas y cada veinticocho más pierdes. Siempre presente, incluso cuando nueva te ocultas para arreglarte, para renacer. Dime Luna, ¿a quién iluminarás cuando me duerma?

¿Quedarás prendida cuando la obscuridad me llegue? ¿Seguirás girando, yendo y regresando?

Hoy me paro ante mi ventana. La cálida brisa me acaricia el rostro y el aire fresco del verano juega conmigo. Abajo, el mar y el bosque y Guanajuato y Sussex y la Sala de Conciertos donde hice historia al comenzar mi historia. Arriba el cielo con un trono de plata, redondel perfecto que gira y se oculta y regresa. En el mar, un hombre; en el bosque, una pareja y un caballero y un maestro que sabe enseñar de besos. En Guanajuato, equilibristas; en Sussex, el futuro y los írises que no crecen en Inglaterra. En el trono, la Luna. La Luna en el cielo y en el Cielo mi Esperanza.

El Romanticismo no es un Idealismo

5.18.2009


"Soñar, pensar, sufrir.

Estar solo y sentir que se está con todos; execrar el éxito del mal, pero compadecer la felicidad del malvado; afirmarse como ciudadano y purificarse como filósofo; ser pobre y reparar la ruina con el trabajo; meditar y premeditar, meditar bien y premeditar mejor; no tener otra cólera que la cólera pública; ignorar el odio personal; respirar el vasto aire vivo de las soledades; absorverse en la gran ensoñasión absoluta; mirar lo que está en lo alto sin olvidar lo que abajo queda; jamás forzar la contemplación del ideal hasta olvidar al tirano; comprobar en sí la magnífica mezcla de la indignación que se acrecienta y del sosiego que aumenta; tener dos almas: el alma propia y la Patria" (Víctor Hugo; El exilio, VII)

El posmoderno cree que está en el mundo por saber que tiene lodo en los zapatos. El Romántico sabe que está en el mundo porque sabe que lo último que importa es el lodo cuando la montaña ha sido vencida al caminar hasta su cima. El posmoderno acusa al romántico de cursi. El Romántico ve en el posmoderno a un infante moral. El posmoderno toma todo a burla, pues el mundo es contradictorio. El Romántico toma la contradicción y encuentra en ella incluso lo dialéctico. El posmoderno no cree en los Trascendentales. El Romántico vive por los Trascendentales. El posmoderno disfruta la estética por la estética misma. El Romántico reconoce a la estética como la herramienta que Dios le dio al artista para participar de la sacrosanta Creación. El posmoderno duda. El Romántico ora. Sin embargo, al final, los dos mirarán.

Quid est Amor?

5.02.2009


Idem velle, idem nolle,[9] querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear común. La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más: la voluntad de Dios ya no es para mí algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios está más dentro de mí que lo más íntimo mío.[10] Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegría (cf. Sal 73 [72], 23-28). (Benedicto XVI, Deus Caritas Est