Un alma se pone en pie frente al abismo. En ella carga el peso de la alegría que el mundo siente por ella y la levedad del llanto llorado por los que la quieren. El abismo se ve enorme, pero el alma ya está parada frente a él. Cada factor nuevo que el alma aprehende modifica todo, pero, en el fondo, el alma sabe que su decisión está tomada. En ese sentido, nada cambia: el abismo la llama y se aventará con loca sensatez hacia su sima. Hacia esa sima que Salva. Mas el alma sabe que no está sola: otra alma la acompaña en ese salto existencial enorme, pues ninguna de las dos está más sola. Ambas sufren las heridas otorgadas por quienes -prudentes- no pueden ver en el abismo más que la boca de un lobo dispuesto a engullir a quien se acerque demasiado. Ambas se abrazan y lloran juntas las sorpresas de la vida que intentas atarlas a la tierra firme, donde el mundo es positivamente objetivo y nada puede llegar a pasar. Por eso, el alma frente al abismo sabe que no tiene que buscar mucho para sacar la fuerza necesaria para aventarse al abismo: la fuerza es ella misma, es la vocación que la impulsa, el amor que la ata a la otra alma...
Tengo
-
No puedo dejar de escribir. Tengo mil cosas que hacer urgentes y mi alma
escoge precisamente el día de hoy para vaciarse. Me desbordo de emociones,
necesit...
Hace 6 años.
0 contribuciones:
Publicar un comentario