Fragmento.

3.26.2007


"El otro acompañaba mis pasos. No lo podía ver, pero la sensación de silente nadería, así como la ahumada nebulosa que opacaba mi mirada (hacia dentro y hacia fuera) lo revelaban.

El otro es un empedernido acompañante, pero por lo general no sabe ocultarse bien. Quizá lo haga a propósito, pero no lo sé. Por eso la nada y el humo lo hicieron evidente ante mis ojos. No puedo decir que siento miedo de él, me ha acompañado toda la vida, al igual que ese otro otro que se sabe esconder mejor. No, no es miedo. Pero descubrirlo tan cercano me provoca nauseas y angustia. Mucha angustia. Y esa angustia es la que me da miedo. La nada me recuerda la ausencia, la lejanía, el tiempo, la contingencia. La nada es polvo que se escurre entre los dedos de Dios y que baña las almas de los hombres. Las almas no son nada, pero están bañadas por ella... en algún sentido.

Tengo miedo. Mucho miedo. Miedo de la angustia.

Tengo angustia. Mucha angustia. Angustia de nada.

(...)

-¿Por qué esa cara? - me preguntó [Irene] cuando me vio entrar en la habitación.
-¿Por qué esta cara, preguntas? Pues bien, has de saber que no pasó nada. Por eso tengo esta cara. No pasó nada y, sin embargo, siento que me acompaña de nuevo...
-¿Quién?, ¿quién te acompaña?
-Ya sabes quién, mi Irene. Él, él me acompaña: la sombra que me aterró aquella noche de insomnio de la que te platiqué aquella noche mientras cenábamos pasta a la luz de una vela... Tengo miedo..."

-Lesge González, Luis Jehan; Casa de espíritus, pp. 3 y 14

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