Bestiario III.

12.22.2006


Avestruz.

El avestruz es un gran ave que carga sobre su lomo muchos nombres como: assida, strutio, struthiocamelon, entre otros.

Pese a tener dos alas de magnífico tamaño no puede volar. Se cree que su incapacidad radica en el tremendo peso que le imponen sus muchísimos nombres. Se cree también que no vuela porque teme alcanzar la estrella que, invariablemente, siempre está persiguiendo con su mirada.

Esa estrella jamás desaparece de los ojos del ave. Tanta es su obsesión con ella que cuando ha puesto sus huevos con frecuencia milimétrica los olvida y los deja a la buena disposición del azar, la fortuna o el hado. Por ello es que tantos huevos pasan a ser parte de colecciones de exploradores o, en los casos más trágicos, se vuelven un platillo exquisito en el desayuno de cualquier bestia que se los encuentre.

Cuenta una entigua leyenda africana -transmitida mediante las charlas de los esclavos en tiempos de Roma la Magnífica- que en los tiempos cuando los animales y los hombres podían comunicarse entre sí un honrado príncipe inquirió al ave sobre sus capacidades de vuelo. El ave, en ese tono que tienen todas las aves cuando se les pregunta algo, le contestó: "señor mío, el más digno de los hijos del Sol, tu pregunta me ofende, pues has de saber que no vuelo porque me es imposible: mi vista está posada en el Cielo y mi alma persigue la estrella que nunca muere, pero si volara -no lo permita jamás el Sol-, si volara... ay, lo que ocurriría: podría alcanzar la estrella, podría ser mía, y ya nunca más la buscaría, ya mis ojos no la perseguirían en las alturas. Y eso no se hace, señor mío. Las estrellas están echas para mirarse, nunca para alcanzarse". El príncipe lloró en silencio la respuesta de la bestia, pero entonces comprendió el porqué de sus alas atrofiadas.

Pero esto es sólo una leyenda. Lo que es verdad es que el avestruz vive siempre aterrada. Pese a su capacidad de digerir cualquier cosa (incluso el acero) es un animal cobarde. Cuando siente la presecia de lo desconocido, de lo peligroso, de lo extraño, inmediatamente entierra su cabeza en la tierra y evade lo que pudiera pasar.

Este terror ha sido explicado por grandes científicos, magos y alquimístas de todo el Orbe y en su mayoría coinciden en que este terror ante la vida es producto de su frialdad: su corazón está helado pues nunca ha sido calentado por la estrella que buscan. ¡Si tan sólo... si tan sólo dejaran de buscar y comenzaran a perseguir!, era el final de una oración mágica de los habitantes de África.

2 contribuciones:

Gatita Cósmica dijo...

No sé si leí o alguien me contó una historia de un hombre que siempre había soñado con visitar Egipto. Desde joven trabajó muy duro y logró poner un negocio propio y tuvo mucho éxito. Pero jamás se atrevió a juntar el dinero ganado, cerrar su negocio y encaminarse hacia Egipto, pues en el momento en el momento en que llegara a las famosas pirámides su vida dejaría de tener sentido.
No estoy segura de que tenga alguna relación con el post, sólo la recordé mientras leía.

Zoon Romanticón dijo...

La relación la encontraste tú. Por lo tanto, la tiene. Accidental o substancial al post es asunto de cada quién.